"Buttercup se enjugó las lágrimas y comenzó a sonreír. Inspiró hondo y lanzó un suspiro. Aquello formaba parte del crecimiento. A una le asaltaban estas pasiones fugaces, y con sólo parpadear desaparecían. Una perdonaba las faltas, encontraba la perfección y se enamoraba locamente; al día siguiente, salía el sol y todo había concluido. Apúntalo en el apartado de la experiencia, muchacha, y a seguir viviendo. Buttercup se puso de pie, se hizo la cama, se mudó de ropa, se peinó, se sonrió y entonces volvió a asaltarla otra crisis de llanto. Porque las mentiras que una se cuenta a sí misma tienen un límite".
La Princesa Prometida, William Goldman.
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